Prevención del suicidio: también es un tema que nos toca en el trabajo

Prevención del suicidio: también es un tema que nos toca en el trabajo

Hablar de suicidio sigue siendo difícil. En el entorno laboral, muchas veces lo es todavía más: tendemos a separar nuestra vida personal de la profesional y asumimos que los problemas emocionales deben quedarse fuera de la oficina.

Pero las personas no dejan sus emociones en la puerta del trabajo.

El estrés, una pérdida, problemas económicos, conflictos familiares, aislamiento o una crisis emocional pueden acompañarnos durante la jornada laboral. Por eso, hablar de prevención del suicidio también implica preguntarnos qué tan saludables son los espacios en los que trabajamos y qué podemos hacer como compañeros, líderes y organizaciones para cuidar a las personas.

El trabajo también influye en nuestra salud mental

El trabajo puede ser un factor de protección para la salud mental: proporciona ingresos, estructura, sentido de propósito, relaciones sociales y un espacio de pertenencia. Sin embargo, cuando las condiciones laborales son deficientes, puede convertirse también en una fuente importante de estrés.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 15% de los adultos en edad laboral tenía algún trastorno mental en 2019. Además, la depresión y la ansiedad provocan cada año la pérdida de aproximadamente 12 mil millones de días laborales en el mundo.

Entre los factores laborales que pueden afectar la salud mental están las cargas excesivas de trabajo, horarios prolongados o poco flexibles, falta de autonomía, inseguridad laboral, discriminación, violencia, acoso y un apoyo insuficiente por parte de compañeros o supervisores.

Esto no significa que un problema laboral sea, por sí mismo, la causa de una conducta suicida. El suicidio es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores. Sin embargo, crear ambientes de trabajo más saludables sí forma parte de la prevención.

¿Qué podemos observar en nuestros compañeros?

No siempre es sencillo identificar que alguien está pasando por una crisis. Una persona puede continuar cumpliendo con sus responsabilidades mientras atraviesa un momento emocional muy difícil.

Por eso, además de observar cambios en el desempeño, es importante prestar atención a cambios significativos en el comportamiento: aislamiento, cambios drásticos de ánimo, expresiones de desesperanza o comentarios relacionados con no querer vivir o con ser una carga para los demás pueden ser señales de alerta.

Ante estas señales, no necesitamos convertirnos en terapeutas. Podemos comenzar por algo mucho más sencillo: acercarnos y preguntar.

Un “¿cómo estás realmente?”, “he notado que no eres tú últimamente, ¿quieres hablar?” o “¿hay algo en lo que pueda acompañarte?” puede abrir una puerta.

Preguntar directamente si una persona está pensando en suicidarse no provoca que lo haga. La OMS señala que hablar del tema puede incluso reducir la ansiedad y ayudar a que la persona se sienta comprendida.

Las empresas también pueden prevenir

La prevención no debe depender únicamente de la capacidad de cada persona para enfrentar sus problemas. Las organizaciones también pueden construir condiciones que favorezcan el bienestar.

Esto implica capacitar a líderes para reconocer señales de malestar, promover una comunicación abierta, combatir el estigma alrededor de la salud mental y contar con mecanismos claros para canalizar a las personas hacia ayuda profesional.

También significa revisar aquello que puede estar generando un desgaste innecesario: cargas de trabajo excesivas, falta de personal, horarios poco saludables, acoso, violencia o culturas organizacionales en las que pedir ayuda se interpreta como falta de compromiso. La OMS recomienda intervenir precisamente sobre estos riesgos psicosociales y fortalecer las habilidades de supervisores y trabajadores para hablar de salud mental.

Cuidar también es preguntar

La prevención del suicidio no comienza únicamente cuando existe una emergencia. También comienza cuando construimos espacios donde hablar de lo que sentimos no sea motivo de vergüenza.

En el trabajo, esto puede significar algo tan sencillo como dejar de normalizar frases como “así es aquí”, “todos estamos estresados” o “hay que aguantar”. El cansancio constante, el aislamiento y el sufrimiento emocional no deberían convertirse en parte normal de la cultura laboral.

No podemos saber qué está viviendo cada persona cuando llega a trabajar. Pero sí podemos contribuir a que, si alguien atraviesa un momento difícil, sepa que pedir ayuda es posible y que no tiene que enfrentarlo en silencio.

Hablar de prevención del suicidio en las empresas no significa hablar solamente de crisis. Significa hablar de salud mental, escucha, empatía y responsabilidad compartida.

Porque un lugar de trabajo saludable no es aquel donde nadie tiene problemas. Es aquel donde las personas pueden pedir ayuda cuando la necesitan.

En ANEMEX, la prevención también se construye en el trabajo

En ANEMEX creemos que hablar de salud mental en el trabajo también es una forma de prevención. Las personas no dejan sus preocupaciones, pérdidas, estrés o problemas emocionales al entrar a la oficina; todo eso forma parte de quienes somos y puede acompañarnos durante la jornada laboral.

Por eso, desde el entorno de trabajo también podemos hacer una diferencia: aprender a reconocer señales de alerta, acercarnos a un compañero cuando notamos que algo ha cambiado, escuchar sin juzgar y saber cuándo es necesario canalizar a una persona hacia ayuda profesional.

Prevenir no significa convertirnos en terapeutas. Significa no ser indiferentes. Una pregunta tan sencilla como “¿cómo estás?” puede abrir un espacio para que alguien se sienta escuchado y sepa que no tiene que atravesar un momento difícil en soledad.

En ANEMEX apostamos por construir espacios de trabajo donde hablar de salud mental no sea motivo de vergüenza y donde pedir ayuda sea entendido como un acto de cuidado, no como una debilidad.